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Después de las 9

June 19, 2014 in Copete, Crónica, Vida by Patricio

- Ya pos, juntémonos mañana. Me dice ella.

- No se si despierte mañana. Le respondí.

- No seas pesado, ya lo decidí, nos juntamos mañana a las 10 de la noche en la plaza Brasil.

 

No le contesté, pero quedé con ganas de decirle que no me quiere ver después de las 9. Quizás me quiera ver en otro horario, pero definitivamente no tan tarde.

Dicen que soy simpático, que sé escuchar. Dicen que hablo poco y sonrío mucho. Todo eso que dicen es cierto, pero ya no es tan cierto cuando me he  tomado las pastillas e intento dormir. No siempre me voy a dormir. A veces salgo y soy otro. No soy aquel que describen quienes me conocen sino las pastillas que hablan de mi. Los químicos que piensan por mí y me obligan a hacer cosas que al otro día lamento.

Aunque no siempre lo lamento tanto. Digamos que lo lamento poco.

 

El viernes en la tarde salimos a caminar por el barrio Bellavista con El Pez y la Violeta. Son como personajes de una fábula: “El pez que se enamoró de una violeta”. Son buenos amigos. Muy buenos amigos. El Pez es reservado y habla poco. Solo sale de su mutismo para decir cosas relevantes o grandes verdades de la existencia humana. También para tirar la talla perfecta en el momento preciso. La mayor parte del tiempo Violeta habla por él. Son novios. Se conocieron por internet jugando algún juego nerd que yo nunca había escuchado, luego ella vino de México a conocerlo y se quedó para siempre. Viví con ellos casi un año: Me despertaban, me preparaban desayuno y me obligaban a bañarme. Son lo más cercano a una familia que tuve en mucho tiempo.

 

- Oye  ‘Pez’, pasamos a tomarnos una chelita?

- No se llama ‘Pez’, se llama Claudio. Me dice Violeta.

- Pero Pato, no era que no podías tomar?

- Claudio, los médicos no saben nada. Además la doctora Gatitos me dijo que igual podía tomar un poquito.

Y empezamos. Empecé. Ya me había tomado mis pastillas antes de salir y no debo, bajo ninguna circunstancia, combinarlas con alcohol. Creo que empecé con un Chopp de cristal o algo de la misma calidad. Estuvimos mucho rato hablando y riendo. Fumé cigarro tras cigarro tras cigarro hasta que vacié la cajetilla y salí a buscar más.

 

Cuando me paré me di cuenta que estaba ebrio.

 

No lo había notado y al levantarme sufrí un tremendo mareo. De esos dulces, no de esos malos y que dan miedo. – Voy a buscar cigarros chiquillos, vuelvo altiro – Les dije. El Pez me miró preocupado. Violeta me preguntó si estaba bien. Como respuesta me reí. Voltee y empecé a caminar por una calle, sin destino claro. Después de un rato que me pareció corto, y de doblar en un par de esquinas llegué a una botillería fortificada donde me atendió una especie de chino que me vendió cigarros. Me miró a los ojos mientras me los entregaba, desafiante. No dije nada. Lo miré de vuelta. No me gusta que me miren a los ojos. Mis manos temblaron cuando recibí el vuelto y él lo debe haber interpretado como miedo o debilidad. Sonrió. Ganaste esta vez chino, pensé para mis adentros.

 

Cuando traté de volver, me di cuenta que estaba perdido. Estábamos en el puente Pío Nono con los chiquillos. Ahora no sabía donde estaba. No creía haber avanzado mucho, pero no reconocía el sector donde me encontraba. Además estaba ebrio. Realmente ebrio. Todo olía a metal oxidado y me comenzaban a invadir algunos ritmos extraños.

 

Cuando estás ebrio se hacen manifiestas algunas fuerzas naturales que en otras condiciones son ignoradas. Impulsos intrínsecos sobre tu centro de masa, perdida tangencial de tu campo vectorial adyacente. Todo se diluye. La razón empieza a huir de a poco mientras el placer y el instinto te llenan el alma disminuida.

 

Caminaba por el borde del Mapocho, creo que hacia el lado equivocado, cuando me encontré con el Munra. Era feo, muy feo y estaba jugando con algo que resultó ser un guarén muerto.- Tío, me da un cigarro?- Me dijo. No soy tu tío huevón feo, le respondí. No sea así pos tío, no ve que yo soy así? Y si después le sale un hijo igual?. Me dejó pensando. El vago miserable tiró de los cordeles de mi remordimiento. Perdona, le dije. Ahí tenís un cigarro. – Gracias tío. Quiere jugar con el guarén?. No gracias. Era malo este guarén, mordió al Bairon y andaba puro hueviando a las chiquillas. Hasta le teníamos un nombre. El Chadwick. Usted cacha al Chadwick? son iguales pos, mírelo. Si hasta le falta un ojo, igual que al Chadwick de la tele. Al Chadwick no le falta un ojo, le dije. Si le falta pero no se le nota. Igual lo queríamos al ratón, a veces le dábamos comida. Me dijo. De pronto empezó a hacer pucheros y se le cayeron algunas lágrimas. Pero si lo querías, porque lo mataste?. Se enojó un poco. – Yo no lo maté pos, se perdió y apareció muerto. Lo asesinaron.

 

Yo me empecé a sentir incomodo y me alejé un poco. Saqué otro cigarrillo y me apoyé en la baranda mirando hacia el Mapocho, que venía bajando eternamente turbio desde las alturas.

 

- Oye Munra, ven pa acá, se escuchó un grito. Miré y desde abajo del puente se asomó una figura. Ven pos, te tenimos una sorpresa. – Tío, vamos pa allá donde los chiquillos. – Ya. Le dije. Y lo acompañé.  Me di cuenta que había dejado el guarén botado en el suelo, así que lo recogí y me lo me metí en el bolsillo de la chaqueta. Se notaba que era importante para él.  Saltamos a la rivera del río por un lado donde la altura no era mucha, y un montón de basura facilitaba el proceso.

 

Los tipos estaban alrededor de una fogata que habían hecho con trozos de madera y plástico. – Y quién es este huevón? Dijo el tipo que nos había llamado. – Es un tío buena onda que me dio un cigarro. Como te llamaí?, me preguntó. – Pato. Patológico. le respondí. – Wena pos Patológico, me saludaron.  Estaban fumando pasta. – Quiere pasta tío? Me dijo el Laucha (Así se llamaba el tipo que nos llamó). No, no quiero, respondí. – No le dis al tio pos Laucha, que no te dai cuenta que el tío es cuico? – Escuche que el Munra le susurraba a su amigo. -Yo no soy cuico ! dije. Yo he sido de todo en la vida, menos cuico. – Ha sido puto? Me pregunto un niño bien chico. No, eso no he sido, le respondí.

 

Tome el cigarrillo que humeaba un sospechoso humo negro azulado y le di una tremenda inhalada. Después de eso no hay mucho. Recuerdo que me estaba cayendo al río cuando alguien me recogió. También recuerdo que todos los chiquillos se quedaron mudos, tirados en los rincones del puente mirando hacia la nada, con caras de muertos. En algún momento me dieron ganas de irme y el Munra me ayudo a subir de nuevo a la calle. Hice parar un taxi y cuando me estaba subiendo le pregunte al Munra si quería ir pa la casa a seguir tomando. El Munra sonrió y noté que le faltaba un diente. Ese huevón no se sube al taxi, gritó el conductor.

Algo le dije, mentiría si digo  que me acuerdo, pero debe haber sido feo e hiriente, porque se bajó y me sacó del asiento. Parece que le tiré el guarén encima y el viejo se espantó y me pegó un combo. Ahí definitivamente se me apagó la tele.

 

Al otro día me desperté en la vereda. Aún tenía el celular y la billetera, pero no había rastro de mi amigo.

Me encontré con el Pez y la Violeta en la feria cuando iba de vuelta a la casa. Me sentía bien. Ellos me dijeron que la noche anterior me había perdido y se habían quedado preocupados. Les dije que no había problema, que me había encontrado con unos amigos. Me preguntaron que porque tenía la mejilla morada y un poco de sangre en la polera. Les conteste con una sonrisa.

Son las 8. Faltan 2 horas para ir a juntarme con ella. Llevo 20 horas sin dormir. Voy a tomar una siesta. Una pequeña siesta para andar bien, para no sentir vértigo. Voy a terminar de escribir el post, poner la alarma, apagar las luces y estoy listo.

Todo va a salir bien.

 

Mi Destino

March 4, 2014 in Crónica, Fotografía, Vida by Patricio

A veces me observo al espejo y ensayo algunas expresiones para ver lo que la gente ve cuando habla conmigo.
No creo que esto sea producto de la inseguridad. No me definiría como alguien inseguro. Solo puedes ser inseguro cuando de alguna manera te importa el objetivo de tus actos, cuando te interesa algo. Pero a mi no me interesa nada. Al menos, no todo el tiempo.
A veces ensayo estas expresiones de seguridad, de felicidad, de inmutabilidad. Pero nunca he podido ver alguna expresión que genere miedo. No entiendo por que esta niña se fue asustada. Casi corriendo.
El otro día me estaba bebiendo un café en La Canela. Me temblaban las manos. A veces me tiemblan las manos. Estaba teniendo un gran problema por que el café estaba muy lleno y peligraba de derramarlo y quemarme. En la mesa de al lado había un grupo de chicas.  Algunas que se veían muy mayores y otras no tanto, algunas no parecían tener edad. Entre ellas había un rostro extrañamente familiar. Nuestras miradas se desencontraron un par de veces. Yo la miraba exactamente en el momento en que parecía haberme estado observando. Ella me miraba cuando decidía centrar mi atención en el café inquieto, víctima de una tormenta de manos temblorosas. Estuve a punto de pedir una bombilla pero misteriosamente mis manos dejaron de temblar. Estaba concentrado en la sensación del liquido cálido bajando por mi garganta y del sabor amargo que quedaba impreso en mi paladar. Cerré los ojos. Cuando los abrí el grupo de mujeres se había ido.
De los días siguientes no recuerdo mucho. Una noche decidí vandalizar la iglesia de la plaza Yungay con poesía de Becquer. Otro día salí a caminar por los alrededores y me perdí. Dormí mucho.
Ayer volvía de trabajar y frente al metro Santa Ana me encontré con la niña familiar nuevamente. Ahí. Directamente. De pronto se me iluminó la memoria. Claro que la conocía. Hace años, el 2007 me la encontré en el parque Pumalín.
Ella y un grupo de amigas me tuvieron pena al verme acampando solo, comiendo tallarines y me invitaron a caminar con ellas. Todas eran simpáticas, como generalmente lo es la gente que te encuentras acampando, pero con ella hablamos más. Salimos más. Un día nos fuimos a caminar solos por un sendero y nos llovió.
Por lo visto ella también me reconoció, se puso feliz y empezó a hablarme del viaje, de lo bien que la había pasado, de lo mucho que se rió cuando me bañé en calzoncillos en el embarcadero del ferry del fiordo de Reñihue.  Yo me quedé estático mirándola. No se que rostro habré puesto. Ella seguía hablando sola y yo en silencio. Creo que intenté sonreír.
Lentamente fue dejando de decir cosas, abriendo los ojos, perdiendo la sonrisa. Vi un poco de miedo en sus expresión. No se a quién le estaría hablando. Al Pato de Pumalín, o al Pato de Santiago. Como me recordaría? Que pensaría de mí?. De pronto se despidió y salió rápido, escapando.
Me dijo que vivía cerca. Que nos viéramos luego. No me dijo donde vivía, tampoco le dije donde vivía. Ninguno de los dos mencionó el número de teléfono.
Cristian me dijo luego que la posibilidad de encontrarme con ella dos veces, de manera fortuita era pequeñísima. Que probablemente era mi destino y que lo dejé pasar.
Ahora estoy pensando que quizás en otro lado, en otro universo, yo le dije algo. No la asusté y nos dimos el teléfono. Cristian dice que el otro Pato, aquel al cual le pasó eso, es ahora feliz. Sus manos dejaron de temblar. Duerme bien y solo 8 horas por noche.
Por mi lado yo sigo acá. Frente al espejo, mirándome el rostro. Moviéndome a velocidad extraordinaria sobre una inmensa piedra en torno al sol.

Feliz cumpleaños Hernando M. Muñoz

January 4, 2014 in Opinion, Vida by Patricio

Al Hernando lo conocí hace muchos años, en mi infancia.

Lo conocí en aquellos tiempos en que las cosas no están claras y el mundo esta en constante mutación. Me cayó mal. Había algo en su carácter, una arrogancia intrínseca, algo de bajo nivel que habitaba en su cableado.

Se creía la raja.

Creo que nos llevamos inmediatamente bien. Creo. No estoy seguro y la memoria es caprichosa. Con el tiempo nos fuimos llevando mejor y se le pasó su huevada petulante.

Hace un tiempo lo vi y lo encontré un poco cambiado. Estaba más viejo, mas afilado y además, su arrogancia inicial había vuelto. – Nosotros, que no trabajamos en iniciativas con fines de lucro…. me dijo despectivo.  Nuevamente se creía la raja. Lo habían nombrado gerente creo. Gerente del espacio, por que su pega consiste básicamente en darle soporte tecnológico a los científicos que miran el espacio en medio del desierto de Atacama. – El desierto más seco del mundo pos perro. Me dijo, tratando de hacerme sentir menor. Tratando de ilustrarme en lo especial que es su vida, en lo significativa que es toda la existencia que lo rodea.

Hernando, yo te conozco. Y para celebrar tu cumpleaños, decidí ayudarte a recuperar la humildad.

A continuación algunos puntos.

Te cagaste

Un día estábamos conversando civilizadamente respecto a lo más bajo que habíamos caído. Recuerdo perfectamente lo que dijiste: – Al menos yo nunca he estado tan curado como para cagarme.

Hernando. Te cagaste. Yo te vi y solo guardé silencio por amistad y por que había mas gente.

Era un invierno de aquellos, con un temporal inmenso, de los más salvajes de los que tenga memoria y nos vino a caer encima en medio de la cordillera. Por suerte estábamos en un parque nacional. Por suerte encontramos estas instalaciones abandonadas de la CONAF donde pudimos refugiarnos y armar una fogata improvisada adentro de unos baños. Te acuerdas?. Después de encender el fuego saqué una botella de Ron y nos pusimos a tomar. Casi no se notaba la lluvia salvaje y los relámpagos iluminando la noche al lado de la fogata. Al rato ya estábamos muertos de la risa inventando historias de como el temporal iba a acabar con la civilización e íbamos a tener que reconstruirla desde el principio. En un momento dejaste de reír y te pusiste muy serio. Guardaste silencio y luego dijiste – ‘Chiquillos, me cagué’. Luego saliste hacia la lluvia y te perdiste en los bosques sombríos.

No te acordabas? Si Hernando, esta es la realidad del gerente del espacio. Estos son los adjetivos que le dan vida a tu historia personal.

Le mostraste el pico a la polola del Bastian

Escena 1. Noche de verano. Bastian se encuentra en un bar en compañía de una hermosa mujer. Cervezas. Miradas cómplices.  Bastian busca la conversación fácil. Le cuenta a su acompañante las historias de su gran amigo Hernando. Ella ríe. Bastian pide disculpas. Va al baño. Hay risas en la entrada del local. Las risas son de un grupo de tipos que recién entran. Destaca un humanoide de pelo largo y bajo de estatura, con polera de Iron Maiden  y ojos desorbitados. La mira. El tipo avanzaba con paso ebrio y medio cojo hasta su mesa. – Hola pos Basti dice.  Es Hernando.

Escena 2. – Huevón, vamos pa afuera. Ando con la Rosa y unas maracas de 2 lucas. – No puedo Hernandito, ando con mi polola. Te la presento. – Hola pos. Mientras saluda, Hernando le arrebata el baso de copete y se lo toma al seco. Bastian reza para que Hernando se vaya. Hernando se va. Bastian suspira aliviado. Pasa un momento. A sus espaldas la gente ríe. Bastian quiere ver que pasa. Se da vuelta justo para observar a Hernando subiéndose a la mesa al mismo tiempo que baja sus pantalones.

Esto nos lleva al siguiente punto.

Lo tienes chico

Sin comentarios. Se deduce de los relatos derivados del punto anterior.

Eres llorón

Una vez que el escándalo en el bar alcanzó proporciones macabras, uno de tus acompañantes, un tipo lleno de Metal, te bajó de la mesa de un combo. Dicen las malas lenguas que lloraste.

 

Espero que esto te ayude a meditar y a encontrar el camino. Tienes que recobrar la cordura amigo. Ser el decente ser humano que estas destinado a ser.

Saludos y muy feliz cumpleaños.

 

Patricio salió de viaje de negocios

November 8, 2013 in Copete, Crónica, Vida by Patricio

Quiero pensar que no fue mi culpa. Que la culpa fue de la Ena Von Baer.

Quiero pensar un montón de cosas, pero también quiero dejar de pensar y descansar un rato.

Estuve un tiempo fuera.

Siento la obligación de dar explicaciones por que se que hay un par de personas que me siguen. Y si bien es cierto que dos o tres personas no son muchas, para mi es bastante. En mi vida pocas personas me han seguido. Ni siquiera mi mama me seguía, por decirlo de una manera. Nunca fue a las reuniones de apoderados del colegio. Nunca me preparó pan con palta. Aunque sería injusto decir que me faltó el pan, o la palta.
Sucede que la gente no se preocupa por mi persona. Se preocupan por lo que les puedo dar. En el colegio tenía la costumbre de escribir extensas y conmovedoras cartas de amor a todas las niñas de las que me enamoraba cada 5 minutos . Por lo general me respondían con un decepcionante “gracias” y una sonrisa de perro mojado. Luego yo veía a las muy putas mostrando las cartas a sus amigas, orgullosas.
Era el gesto, la entrega, mi sufrimiento lo que las llenaba de placer e inflaba sus egos, pero yo no era nadie. No soy nadie. A veces, cuando por algún motivo me siento consciente de este hecho, me llenó de odio en contra del mundo.
Quizás por eso terminé preso.
Estaba en Valparaíso ese fin de semana. El Chakarero me había invitado a quedarme en su casa y aproveché de salir a caminar por el puerto. Hacía muchos años que no lo visitaba y todo seguía tan miserable como siempre.  Las casas desarmándose mientras hacen equilibro al borde de las quebradas, la gente fea con ropa de segunda caminando sin ningún apuro y un suave aroma a pichi perfumándolo todo.  Lo único que había cambiado, y que en realidad no me sorprendió, fue la cantidad impresionante de Shupers que se paseaban por los sectores de cerro Alegre/Concepción.  Me fui rápidamente para evitar el mal rato.
El sector de la plaza Echaurren estaba lleno de loquitos angustiados atentos a la aparición de algún extranjero ingenuo. Las palomas sobrevolaban siniestras a un ancianito vestido a la usanza antigua y que parecía muerto sobre uno de los bancos. Sospecho que las palomas le querían comer los ojos.
Me comí un exquisito caldillo de congrio en el “Puerto Lindo” y luego me fui a caminar por el cerro Cordillera. A la altura de la Iglesia del perpetuo Socorro me encontré con una pareja que caminaba en sentido contrario. El se veía un poco enojado, ella le hablaba al oído con una sonrisa en el rostro:
- Ya pos M’Hijito, bajemos pal plan pos
- Y a que vamos a ir a weiar al plan?
Ella miró el cielo, suspiró y dijo – A caminar por la costanera…mirar los pelícanos…hacer el amor. Comer Almejah.
El tipo la observó complacido y siguieron bajando en silencio. Yo me conmoví por la poesía que aún habita el puerto de Ruben Darío y Neruda.
No todo está perdido señores. Aún hay romance. Aún hay amor.
Al rato empezó a bajar el sol y se puso un poco peligroso. Bajé y me fui para el lado de la subida Cumming. Tenía ganas de tomarme unas cervezas y escuchar música, así que me fui al “Gato en la Ventana”.  Había un tipo flaco y triste tocando Silvio. Me senté en un rincón y pedí un pitcher de cerveza del puerto roja. Me sentí culpable por un minuto por que se supone que no debería tomar nada de alcohol, pero la culpabilidad se esfumó cuando llegó el segundo pitcher. Después de un periodo indeterminado, empezó a llegar más gente y mas pitchers y el antro se llenó.
No me acordaba como olían estos lugares cuando no hay gente fumando. El humo del tabaco disimulaba las cosas, les quitaba realidad. Ahora la noche se te venía encima desnuda y avergonzada. Había un extraño olor como a leche agria y sudor.  Tenía muchos deseos de prender un cigarro.
De pronto se sentó un tipo en mi mesa. Me sonrió desde atrás de esa chasca salvaje y sucia. – Ta güena la música, cierto? – Me dijo.  No estoy seguro le respondí.  – Es “sol y lluvia” pos. Los escuchábamos mucho antes, en la dictadura. No te acordai?.  – No me acuerdo mucho de la dictadura, le dije, andaba volado todo el tiempo esos días. El tipo se puso a reír. Me dijo algo así como – Es que vos no cachai la embergadura de la huevada que hicieron estos milicos culiados. Los huevones trajeron criminales de guerra nazis y los escondieron en el sur. Y vos sabís que los nazis eran cuáticos pos. Hitler era piteado por el ocultismo, y los nazis sabían mucho. Pinochet también sabía mucho por que el huevón era iluminatti.  Pinochet no sabía ni hablar huevón – Le dije – Era un huaso culiado.  – No creai, hacía eso para que no sospecharan, pero el loco sabía harto. Seguía las enseñanzas de Milton Friendman y Belcebú.
Ya estaba empezando a temer por mi vida. Solo quería seguir tomando y escuchar música y el tipo no paraba de hablar. Lo peor que hicieron en todo caso fue la huevada de los moai, dijo.  Como es eso? le pregunté. Vos no cachai na, cierto?. En el 81 unos arqueólogos nazis estaban trabajando en isla de pascua y por algún motivo, empezaron a desenterrar uno de los moai. Después de un tiempo, encontraron que el cuerpo del moai continuaba por varios metros bajo tierra. Y siguieron excavando, así por días. La gente de la isla estaba inquieta, habían algunos que decían que no había que meterse con los dioses viejos. Por que los moais son eso pos, son dioses. Y un día, cuando ya estaban a varios metros cacharon que los moais escondían un tremendo secreto. Un pico. Un pico gigante. Los científicos tomaron nota y empezaron a medir variables ambientales. Y ahí vino el problema. La gente de la isla empezó a ponerse rara. Caliente. Miraba a los Alemanes con lujuria. Fueron los primeros. Dicen que el Rano Raraku quedó lleno de sangre y huevones en pelota.  Después se volvieron en contra de ellos. Quedaron como 2 personas vivas en la isla, los mas resistentes. El gobierno tuvo que encubrirlo todo y repoblar Rapa nui.
Estaba curado y no podía soportar huevones raros con historias cuáticas. Sentía hervir la sangre y quería salir. Solo recuerdo trozos de paisaje. Bajé por Cumming, pasé por ecuador. Abollé la reja de una farmacia. Le pegué a algo en la Plaza de la Victoria, que es un centro social. Caminé por Colon.
Y me encontré frente al congreso. Ya había sol de nuevo, había olor a ventolera de mañana y rocío. Reconocí a la mina que iba entrando el auto al congreso. Era la Enna.
“Prestame el cuerpo pos Maraca Ctm” le dije. Quería con ella. Quería que me prestara el cuerpo, como hacen las mujeres. Ella lo dijo. Yo solo pensé por un instante que había sido honesta. Le golpee las ventanas. Llegaron los pacos.
Y bueno, el resto de la historia debería contárselas otro día.

Libertad. Igualdad. Fraternidad. Educación. Vino.

June 28, 2013 in Copete, Crónica, Vida by Patricio

Yo solo quería tomarme un vinito caliente.

Hay una especie de angustia en estas mañanas de invierno. El sólo pensar en levantarme y caminar a la estación de metro, mientras me abrazan mis sábanas amorosas, es fatal. Se me muere el animo. Se me infartan los ojos. Lamentablemente ayer tenía que ir a trabajar. Si o si. No me podía quedar durmiendo de nuevo.

El día anterior mi jefe me había hablado de algunas cosas que no lo tenían conforme. Fue un buen gesto, muy civilizado. Habló respecto a mis ausencias, respecto a mi falta de interés. Le puso un sobrenombre. Le llamó “Falta de ambición”. Patricio, te falta ambición - Me dijo. Y yo pensé  instantáneamente que esto era falso. Que si tenía ambiciones, pero de naturaleza incomprensible para el género humano. Al menos, para los humanos que habitan santiago en junio del 2013. Para ese género de humanos que transitan por las calles heladas como zombies. Tengo ambiciones. Quiero una casa en la playa donde sentarme a escuchar la lluvia. Quiero perderme todos los días en las calles de Santiago y encontrarme con gente que también anda perdida. De preferencia muchachas perdidas. Tristes. El problema es que no conozco el camino desde la ambición al hecho. No se como realizar mis ambiciones. Y en el fondo creo que no me importa.

Fue cerca de la estación del metro “Universidad de Chile” donde fui consciente de mi ambición. Anhelaba un vaso de vino caliente. Es cierto que era tarde. Es cierto que me habían pedido que llegara temprano. Pero decidí que por esta vez, iba a luchar por concretar mi ambición. Gracias jefe – pensé para mis adentros, conmovido.

Creo que vendían navegado en el “Django” en Alonso de Ovalle. O quizás en “Las Tejas” en San Diego. Me imaginaba el vino humeando canela y clavo de olor. Me imaginaba calentándome las manos mientras sostenía el vaso cuando de pronto algo me incomodó. El olor. El olor de La Alameda (Normalmente una mezcla entre azufre muy suave, con ozono y sopaipilla ) me hacía daño. Me ardían los ojos. Me dolía la laringe o como se llame eso que está atrás de la nariz, por dentro de la nariz.

De pronto vi niños corriendo por todas partes. Pacos robustos en la distancia, avanzando lento, cansados, acaso tristes. Gente observando. Encapuchados iniciando recia batalla en contra de los semáforos que no les hacían daño. Que no se defendían. Pasó por mi lado una amazona magnífica de la cual solo pude ver los pechos y los ojos grises y duros.

Corran que viene el guanaco ! – Gritaron unos jóvenes a mi lado. Corrí. Por que venía el guanaco. Corrí patéticamente mientras alrededor me superaban en velocidad viejas, ancianos e inválidos.

Corre conchetumadre ! – Me gritó un viejo risueño.

Pasó furioso el guanaco por el centro de la calle. Por suerte apuntando hacia la otra vereda. Casi nos moja – me dijo el viejo. Yo lo miré al rostro y no le contesté. El viejo estaba exaltado. En esos casos es mejor no hablarles, por que se pueden sentir amistosos. Me acerqué a un paradero que se veía un poco más protegido. - Estos son puros delincuentes – Dijo una vieja a mi lado, que no había visto antes. – Son delincuentes y comunistas que lo quieren todo gratis y no saben nada de esfuerzo. Una que se tiene que sacar la cresta acá vendiendo cosas y no le dan nada gratis. Me empezó a molestar un poco el discurso fascista de la vieja flaite. - Señora, antes del golpe de estado la educación era gratis, la pagaba el estado. Muchos de los políticos que hoy se niegan a la educación gratis estudiaron gratis los frescos de raja. Una educación de calidad es garantía de mejoras sociales – le dije. La señora me miró espantada. Trató de interrumpirme pero subí el tono de voz. Los dos o tres tipos que tenía alrededor me escuchaban con respeto. Mi tono era de indignación, pero indignación ilustrada.
- No me venga a hablar del golpe de estado m’hijito que usted ni nacía en esa época – me replicó la vieja ilusa. Atrevida. Me dio rabia. Intenté no explotar. Y usted cree en dios? – Le dije. Pero claro que creo en el señor Jesucristo – Me respondió.  Y por que? – Le pregunté – Acaso por que lo leyó en la biblia o por que usted estaba ahí presente en la última cena vieja re conchesumadre?. De seguro es tan vieja que si estaba ahí –  comentó al viejo, que se reía fuerte. Me invadió la rabia. Había algo preparándose en mi interior. Los ingredientes eran el discurso de la vieja culiada, el gas, el ruido, los pacos, el frío. Habían pedazos de ladrillo alrededor. Tomé uno y lo tiré con todas mis fuerzas contra la patrulla que iba pasando. - ALLENDE VIVE ! – Grité, sin pensarlo. A lo lejos fuerzas especiales se dieron cuenta. Empezaron a avanzar hacia el paradero. Alguien dijo algo. Alguien transmitió algo. El guanaco empezó a acercarse.  Grité con todas mis fuerzas – Compañeros ! La represión no podrá en contra del poder de nuestro señor Jesucristo !! – Y salí corriendo. Corrí a todo lo que puedo. La vieja no corrió. La vieja estaba aterrada. El guanaco disparó contra el paradero. La vieja voló. Yo reí. Corrí y reí. Me caí al suelo. Pero me levanté rápido y seguí corriendo.

A la vuelta de la esquina había un grupo de escolares. Estaban asustados. Chiquillos – les dije – no tienen que olvidar su objetivo. No tienen que dejar que les ganen. Tienen que tener ambición en la vida.

Caballero, tiene sangre en la cara – me dijo una niña.

Era hora de irme para la casa. Fue una muy buena idea salir a trabajar ayer en la mañana.

El fin de la ruta.

June 18, 2013 in Crónica, Opinion, Vida by Patricio

Es el año 620 antes de Cristo.  Draco, un abogado ateniense muere a causa de la celebración que realizan los ciudadanos en su honor, donde le arrojan regalos de gran calibre en el teatro de Aegina.

En 1387 Carlos II de Navarra, luego de haber sido envuelto en vendajes empapados en brandy en un intento de curarle una enfermedad a la piel, muere incinerado a causa de un sirviente que accidentalmente le prende fuego.

1518. En Strasbourg, Alsacia, Frau Troffea comienza a danzar fervorosa e incontroladamente. En los siguientes cinco o seis días cerca de 40 personas se le unen. Dentro de un mes sumaban alrededor de 400 personas, muchos mueren de ataques cardíacos y cansancio.

2013. Patricio Lógico muere por salir de su casa.

Desperté angustiado. A veces despierto angustiado. Frecuentemente. Creo que soñé con algo malo, pero el recuerdo se fue rápido y dejó solo esta sensación pegajosa, pariente del miedo.

Afuera la niebla se dispersaba y aparecían las cosas. El edificio del frente. Los niños caminando al colegio. La vieja culiada sapa del lado.

Cerré las persianas y volvió la noche. Fui a la cocina a servirme un café y me senté a esperar el hervidor. Roberto ya se había ido al trabajo. La puerta de su pieza estaba abierta y en el suelo estaba uno de los bastones que usó estos días en que anduvo con una extraña alergia en los pies. Me bebí el café que estaba pésimo. Tomé una ducha muy larga hasta que el agua empezó a enfriarse. Recogí del suelo la ropa que se veía mas limpia y me preparé para ir a trabajar. Hoy día pensaba llegar temprano, hacer varias cosas que tengo atrasadas.

Abrí la puerta para salir y la cerré de inmediato.

Me senté a pensar en las muchas cosas que tenía que hacer en la casa. Actualizar el blog. Limpiar un poco la pieza. El trabajo podía esperar. Afuera había miedo. Olía a niebla fresca, pero era miedo. Algo malo podía pasar si salía.

Envíe un correo y me declaré enfermo.

No me gusta mentir. Pero en este caso era necesario. Nadie me iba a creer que sentía, que de alguna manera, había algo allá afuera listo para matarme. Quizás un auto que no iba a parar. Alguien que me empujaría al andén del metro. Un padre enojado por haberme metido con su hija menor de edad. Roberto. Alguien. Algo.

Esta sensación. Esta fijación me hizo recordar al “Caballito de Bronce”.

Así le decían a Carlos. O al menos creo que se llamaba Carlos. Manejaba camiones igual que mi papá y desde que tengo memoria, estuvo cerca de nosotros.  Una vez, mientras nos comíamos unos perniles en “Las Viejas Cochinas” cerca de Talca, nos contó una de sus mejores historias.

Los ojos se le cerraban solos y al menos un par de veces se había sorprendido saliéndose del camino. No era tan peligroso, por que estaba en un tramo plano del desierto cerca de Calama, pero tenía que parar pronto. Siguió conduciendo algunos kilómetros hasta que no pudo más, y decidió parar, estacionar el camión y dormir por unas horas. Antes de dormir sintió deseos de ir al baño, así que se bajó y se descargó al lado del camión observando el horizonte. Estaba en eso cuando creyó ver unas formas dudosas en la distancia, unos bloques negros de regularidad sospechosa. Pensó que sería bueno estirar las piernas antes de dormir, así que caminó hacia el lugar para satisfacer su curiosidad.  No había reja, aunque si habían un par de maderos tirados en el suelo que hablaban de una reja antigua. Las rocas estaban desgastadas, pero era evidente que pertenecían a un camposanto. El cementerio no parecía tener una gran extensión. No eran muchas las lápidas apiladas, pero debían de ser muy antiguas por que apenas se podía leer lo que había estado escrito en ellas. El Caballito entonces decidió encender un cigarro y mientras aspiraba el humo, sintiendo un leve mareo, le llamó la atención la única tumba cuya lápida era legible.

- Compadre. Me va a creer usted que ahí estaba mi nombre? Completito. Nombres y apellidos. – Dijo.

Si bien hacía un día precioso. Sintió angustia. Quizás miedo, cosa que no quiso admitir. Y se devolvió rápido al camión.  Ya no pudo dormir, así que siguió su camino.

Cuando terminó de contar la historia, el Caballito de Bronce me dirigió una sonrisa y le dio una gran mascada a un pedazo de pernil. – Si pasa por allá amigo, por el kilómetro X de la 25, acuérdese y me deja unas florcitas – concluyó.

Quiero pensar que a veces el Caballito se despierta asustado y recuerda que afuera, en alguna parte, hay una lápida con su nombre. Esos días el caballito se queda en su casa, cierra las persianas, apaga el teléfono y se da todo el tiempo del mundo para beber un café bien cargado y hacer frente a la oscuridad y al miedo.

 

Somos polvo de estrellas

June 11, 2013 in Copete, Vida by Patricio

En algún momento de la infancia tus padres comienzan a llenarte de consejos, generalmente en aquel periodo cuando estás a punto de pisar la cola de la adolescencia. A medida que creces, los consejos crecen.

A mi me tocó la suerte de tener padres sabios, buenos consejeros. Mi papá me enseñó mucho de camiones y de caminos. Mi mamá de ausencias y esperas.

Nadie me enseñó nada sobre el LSD.

Lo primero que tienes que saber es que aquello que pretende ser la realidad, no lo es, es un disfraz. Las cosas no son lo que parecen. De pronto, casi sin darte cuenta, empiezan a salir colores de los lugares más oscuros. Te invade una sensación positiva de amor universal. Ese es el momento exacto en el cual tienes que ponerte alerta. Déjate llevar por la onda, pero bajo ninguna circunstancia le vayas a hacer caso a ningún perro que te hable. Exacto. Los perros que hablan son un problema.

Mejor empiezo por el principio.

El sábado fue el cumpleaños número 28 de Ricardo Ambrosio. Ricardo Ambrosio es un compañero de trabajo. Lo contrataron como hace un año y nos hicimos amigos inmediatamente sin importar lo muy diferentes que somos:

Él es amante de los deportes, vive en la Reina, a los pies de la cordillera y su árbol genealógico puede ser rastreado hasta el asedio de Béziers en el siglo XIII. Estudió en una universidad de prestigio. Es un hombre de bien.

Los Lógicos odiamos los deportes, vivimos itinerantemente donde se pueda. Nuestro árbol genealógico inicia con la violación de alguna indiecita hace dos generaciones por parte de un batallón de infantería. Cuando estudiamos, estudiamos en institutos técnicos. Somos hombres de lo salvaje.

Hace dos días que no dormía y las cosas estaban poniéndose surrealistas. Me sorprendió el llamado de Ricardo para invitarme a su casa.

- Pero Ricardo, como voy a llegar a tu casa? – le dije -

- No te preocupís Patricio, le digo a los guardias que te dejen pasar.

- Pero no tengo como llegar

- Coordinemos con algún amigo pa’ que te pase a buscar po’ . Déjame llamar al Willy.

En la casa de Ricardo ya había bastante gente: 3 Franciscos Javier, 1 Tomás Ignacio, 1 José Joaquín, 2 José Ignacio, 1 Juan de Dios entre los hombres.  Entre las mujeres habían varias minas pitucas con sobrenombres del orden de Nené, Cuqui, Totó y otros.

Me fui directamente al bar y me serví de una jarra que olía a jugo de melón. No tenía ganas de beber alcohol. Empecé a pasearme por la casa calculando mis posibilidades con alguna pituca, las cuales hay que admitir, estaban bastante buenas. Me empecé a sentir mareado. Culpé a la falta de sueño.

- Ricardo, me siento mal. Donde esta el baño?

- Al fondo a la derecha. Que llevai en la mano?

- Jugo de Melón.

- OHHHHHHHHHHH !!. No hay jugo de Melón. Era verde?

- Si

- Jugo de Tuna

- De tuna

- Con LSD

- Ah?

- Le pusimos LSD.

Las cosas se pusieron raras. No le dí importancia en el momento. Supuse que podía dominar cualquier ‘efecto’ que sintiera. El espejo del baño se veía raro. Daba risa. La risa daba risa. Me puse a mear y las ondas que se generaban en el líquido de la taza se distribuían por la pieza, por las paredes. Mientras observaba el efecto empecé a mear afuera. El amarillo se veía hermoso sobre las baldosas blancas. Corrí a contarle a Ricardo, para que me acompañara. La casa estaba diferente, no lo podía encontrar. Abrí una puerta o una ventana. Llegué al patio. Estaba lleno de gente riendo. Habían rosas. Tome una rosa y los pétalos exhalaban música. La besé. La rosa me mordió los labios. La arrojé al suelo. Había un perro. El perro me quedó mirando con una pregunta en el rostro. – Perro, donde está Ricardo? – Adentro, me dijo el perro, con la mente. Entré. Sobre un sillón estaba durmiendo una mina. La empecé a mover, para preguntarle donde estaba Ricardo. La mina no respondía. Era preciosa, rubia, le brillaba el pelo. Apestaba a whisky. Le subí un poco el chaleco hasta que aparecieron sus senos rosados, duros, turgentes. -Sigue, me dijo el perro con la mente. Le quité con cuidado el sostén, ella ni se inmutó. Dormía. Le besé un pezón. Quedó una marca roja de sangre. Creo que la rosa me mordió fuerte.

- Patricio –  me dijo el perro – esta es nuestra oportunidad.

- Cierto, Perro que hablas –  le respondí.

El metió su hocico entre las piernas de la niña. – Eres un pervertido de mierda, perro que hablas –  El perro no me respondió. Le puse la lengua entre los labios. De pronto escuché: – Que onda con mi polola Patricio? – Es Ricardo. Me dio un poco de miedo. – Ricardo, este perro culiado no me dijo que era tu polola – Ricardo se rió – No te preocupís. Está bien. Osea. Hay cachado que todos somos uno? Yo soy tu. Tu erís yo. Mi polola esta hecha de la misma materia que tu y yo. SOMOS LO MISMO WEON. LO MISMO. TODOS SOMOS POLVO DE ESTRELLAS !.

Me agrada Ricardo.

Roberto, yo soy mucho mejor que vos

June 6, 2013 in Opinion, Vida by Patricio

Roberto se cree la raja.

Desde que empezó a salir con la Gabriela se cree mejor que el resto. Mejor que yo. Partió el sábado pasado, cuando nos fuimos a comer unos perniles a la picada de Marcelino. Al mexicano le llamó la atención la mesera nueva y movilizó inmediatamente todos los recursos para seducirla. Le contó que se vino de México a trabajar en un proyecto de alta tecnología del cual no podía hablar mucho. Le entregó unas tarjetas de presentación falsas donde decía que era gerente. Intentó mostrar mesura, refinación, toda la gama de aptitudes que al mexicano le faltan. El domingo en la tarde me lo encontré en el metro besándose apasionadamente con la niña.

Después de eso todo empezó a decaer. El lunes en la noche me fui a preparar un café y pasé al lado del baño. La puerta estaba abierta. Nunca está la puerta abierta. Por curiosidad me detuve y observé. Desde la ducha, con la cortina corrida Roberto me miraba mientras se jabonaba los muslos. me miró directamente a los ojos. Sonrió.  Seguí caminando y traté de borrar la imagen de mi memoria. Pero ahí estaba, mirándome desde la ducha, sonriéndome.

Esa noche dormí mal. El martes no fui a trabajar.

Cuando desperté en la noche y quise salir a caminar un rato, noté que no me quedaban calcetines. Estaba seguro que me quedaban varios pares limpios. No le di importancia y salí.  Iba caminando por la calle cuando de pronto observo que viene caminando en sentido contrario una escolar. Se veía linda. Tierna. Le sonrío. Ella duda, atraviesa la calle. Por que hizo eso? Que le costaba sonreírme de vuelta?. Son todas unas putas.

Al volver a la casa veo mis calcetines tirados a la entrada de la pieza de Roberto. Hay más ropa tirada en la entrada de la pieza de Roberto. Se escucha movimiento en el interior. Gemidos. – Roberto, eres tan grande. Roberto, dame mas amor mexicano.  - Susurra una voz.

No puedo dormir. La luz de la pieza no enciende. Hace rato que los gemidos terminaron. Hay olor a sexo en el aire. Nadie debería tomar mis cosas. Mis calcetines están llenos de mexicanidad. Están llenos de partículas de Roberto. La luz no enciende por que la ampolleta se quemó.

No quiero reírme, pero me se me escapa una risa nerviosa mientras muelo la ampolleta en el mortero. Cuando el vidrio ya no es mas que un polvo muy fino, lo deposito con cuidado en el interior de los calcetines. El Mexicano se va a despertar apurado, como siempre, y se los va a poner.  Luego espolvoreo merquen en el interior de sus zapatos.

Científicos del CERN publicaron hace poco un informe diciendo que el universo es inestable. Que hay múltiples universos. Todos estos anuncios apoyados en teorías y antecedentes que no entiendo. Quiero pensar que este universo está mal. Hay otro lugar donde la niña no atravesó la calle. Donde terminamos teniendo sexo ilegal en mi casa. Hay un lugar donde el Mexicano ocupa el lugar que le corresponde.  Hay un lugar donde la Gabriela quiere conmigo.

Quiero pensar que estoy equilibrando el universo. Salvando al mundo.

Introducción

May 31, 2013 in Vida by Patricio

Mi vida no cabe en mi vida.

Se derrama por los lados y tengo que apretarla, forzarla para que se adapte al molde. Me veo obligado a dormir mucho para compensar. Mucho. Y cuando digo mucho, lo debería escribir con negrita y mayúsculas. Así: MUCHO. Me imagino que es por eso que, muchas veces cuando estoy despierto, las cosas tienen regusto de sueños. Nada se siente real.

Tengo la suerte de trabajar en un lugar donde disculpan mis ausencias diurnas, y soportan mi trabajo nocturno y desde mi casa, lo cual es una tremenda garantía, por que si bien duermo mucho, es generalmente en el día. Las noches son mías, y las disfruto en soledad como en estos momentos: iluminado por la pantalla, con un cigarro en la mano. Totalmente desnudo.

En fin. Empecé a escribir el Blog sin haberme presentado y por ello pido disculpas.

Mi nombre es Patricio Lógico y esta es mi vida.

No debería haber tomado

May 29, 2013 in Copete, Vida by Patricio

Me desperté asustado.

Por un momento pensé que me había quedado dormido e iba a llegar tarde a la pega. Mi miedo tenía fundamento. Me había quedado dormido e iba a llegar tarde a la pega. Al bajar de la cama me clavé un pedazo de vidrio en la planta del pie.

Tuve que correr la cortina y enfocar durante unos instantes para ver que el suelo de la pieza estaba lleno de vidrios. Entre ellos uno que otro pedazo aún reconocible de las copas nuevas que compré la semana pasada. Por un momento recuerdo a Roberto  - Así celebramos en México wey ! – mientras arroja una copa al suelo después de beberse el vino humeante. Entiendo, mejor no pensar.

Roberto es mi compañero de casa. Mexicano. Trabaja conmigo. No hay mucho que decir.

Me preparo un café. Suena el teléfono. Es mi jefe – Pato, estoy en la presentación con [Substituir por nombre de empresa importante] y los servidores no me funcionan – Yo apenas puedo pronunciar palabra. Me duele la garganta. Le digo que espere un minuto, que me voy a conectar remoto para ver el problema y mientras tecleo me doy cuenta que el dolor de cabeza es superior, magro. Es el papa de los dolores de cabeza. El presidente de la comisión de dolores de cabeza del mundo. Otro flash. – La virgen de Guadalupe? La Virgen de Guadalupe wey?  La Virgen de la concha-de-tu-madre – Dicho esto, empiezo a romper a palos la efigie de la virgen del patio de la casa de mi vecina. Mientras Roberto me observa indignado. Se escuchan sonidos en la casa. Saltamos la reja. Huimos. Escucho a Roberto murmurando para si – Con la virgencita no se juega pinche cabrón. No se juega … -.

Mi jefe me grita por el teléfono. Me duele el dedo anular y el meñique mientras escribo el comando para reiniciar los servicios, parece que me los quebré. El dedo más pequeño esta doblado hacia la izquierda. Antes no era así, estoy seguro.

- Cuanto cobrai? Ya pos. Tengo, a ver … – Mientras intento contar las monedas que extraigo de los bolsillos de mi chaqueta – 100, 200, 1000 … Tengo dos lucas y media – Roberto me interrumpe para decirme al oído: Dile a la señorita que yo tengo mil pesos más.

- Caballero. Déjeme tranquila o voy a llamar a los pacos. Ya pos, no se ponga pesado, voy a llegar tarde al colegio …- me dice la niña aterrorizada.

Miro hacia arriba. Ya es de día.

Solucioné el problema. Mi jefe cuelga. El pie no deja de sangrar. Me siento mal, me empieza a invadir un sentimiento de profunda vergüenza, desolación. Caña moral.

No tomo más.